En alguna ocasión habremos visto como duermen las aves en las ramas de los árboles sin caerse. Esto es debido a un sistema de sujeción automática que les permite dormir en las ramas, sin riesgo de perder el equilibrio y precipitarse al suelo. Cuando el ave se detiene en una rama y flexiona la parte posterior de la planta de su patita, el tendón flexor hace que los dedos se replieguen y se aferren fuertemente a la superficie, como lo haría el freno de mano de un coche. Al despertar, el ave salta de la rama tras liberar el mecanismo de sujeción y comienza su maravilloso vuelo.

(Referencia bibliográfica: Fisiquotidianía (La física de la vida cotidiana) 2ª Edición, 2007, Cayetano Gutiérrez Pérez, Academia de Ciencias de la Región de Murcia).